Los futuros de la lectura

Pareja de lectores con dispositivos Kindle en la playa.

Lectores con sus Kindle en la playa. Fotografía de Gary Hayes.

En mi entrada anterior, reflexionaba sobre la posibilidad de que la generalización de las nuevas tecnologías supusiera el fin de la lectura, al menos tal como la entendemos en la actualidad. Intentaba ofrecer diversas hipótesis sobre un probable mundo futuro en el que los lectores terminarían por desaparecer. Eran unas reflexiones surgidas al hilo de un oscura sentencia leída, hace algún tiempo, en Twitter: “The future of reading is not reading”.

Me pregunto, sin embargo, ¿qué pasaría si quienes anuncian el fin de la lectura estuvieran equivocados? Quizá los agoreros no acertarán y el acto de leer continuará ocupando un lugar central en nuestra cultura. Y, si así fuera, ¿podemos imaginar de qué manera leeremos en los tiempos por venir?

Un buen número de tecnófilos piensa que las tecnologías digitales de comunicación están alumbrando una era dominada por el conocimiento abierto y libre (aunque no necesariamente gratuito). Según este punto de vista, en un futuro no muy lejano, la información circulará sin restricciones por las redes de información, de manera que estará al alcance de toda persona con una conexión a Internet. La conectividad inherente a la red contribuirá a la circulación permanente del conocimiento, que tendrá su sustento legal en las licencias libres y creative commons, pensadas, específicamente, para compartir los productos creativos.

La consolidación del conocimiento libre tendría importantes implicaciones para la lectura. Sería un paso importante para materializar el tan anhelado sueño de la universalización de saber. Gracias a Internet, la multitud tendría acceso a casi cualquier documento escrito imaginable. Pero no solo eso: cualquier usuario de la red tendría la posibilidad de reproducir, publicar compartir y, en muchos, casos, modificar y rehacer los textos a su disposición. En última instancia, todo lector sería susceptible de convertirse también en un editor y en un escritor. De hecho, ya es posible encontrar el germen de esta figura polimórfica en los usuarios de las redes sociales y, de una manera más elaborada, en los participantes de los distintos entornos colaborativos y wikis que han ido surgiendo al abrigo de la web.

En el extremo opuesto, podemos imaginar un futuro en el que la lectura estará condicionada por la instauración de una serie de rigurosos mecanismos de control de la información que circula por las redes digitales. En este mundo posible, los productos creativos estarán regulados por unas normas de propiedad intelectual aún más estrictas que las que conocemos ahora, al tiempo que los canales de distribución de conocimiento estarán sometidos a una vigilancia más sistemática, efectiva y rigurosa que la existente en la actualidad.

De esta forma, los lectores deberán acostumbrarse a vivir en un mundo en el que la compartición de la información estará rigurosamente castigada y en el que los libros y revistas que comprará estarán controlados por potentes DRM. Sus espacios de lectura estarán bien acotados –ya cobren la forma de tiendas virtuales como Amazon y Apple Store, de redes sociales o de repositorios institucionales de contenidos–, de manera que será posible ejercer un control más efectivo sobre sus hábitos de lectura, ya sea por razones políticas o comerciales.

Y, en los márgenes de este universo acotado y vigilado, se situarán los llamados “piratas” que, guiados por una gran diversidad de motivaciones, se encargarán de recordarnos que existe un mundo, con su lógica propia, en el que los contenidos circulan de una manera subrepticia, pero sin ataduras.

También sería posible concebir un futuro híbrido, en el que, una vez desechado el principio de neutralidad de la red, Internet se escindirá en dos, lo que traerá consigo dos tipos de lectores distintos. Tendremos, por un lado, a unos usuarios privilegiados de las redes digitales, capaces de pagar por un acceso sin restricciones a Internet y de disfrutar de todo tipo de contenidos. Por otro, nos encontraremos con unos usuarios obligados a conectarse a unas redes de menor calidad, es decir, más lentas, con menor ancho de banda y sin acceso a múltiples contenidos. A final de cuentas, unos y otros usuarios leerán de maneras distintas, pues la riqueza y la variedad de los materiales a los que podrán acceder serán muy diferentes.

Las hipótesis sobre el futuro de la lectura son diversas y, a lo largo de mis dos entradas dedicadas a este tema, me he limitado a enumerar unas cuantas. Quizá vosotros tengáis alguna más en la cabeza. De todos modos, es muy probable que la lectura por venir no siga un único camino. Tal como se encarga de recordarnos Joaquín Rodríguez en cada uno de los comentarios de su magnífico blog, tanto al libro como a la lectura les aguardan muchos futuros. Algunos se parecerán a los que hemos descrito en estas líneas y, muchos otros, seguramente no tanto.

En cualquier caso, el porvenir de la lectura no está necesariamente guiado por un proceso fatal. En realidad, las formas que esta asumirá en el futuro dependen en buena medida de nosotros.

Publicado originalmente en a*desk Highlights.

Acerca de Eduardo Pérez Soler

Reparto mi tiempo entre la curaduría, la crítica de arte y la edición de publicaciones multimedia. He publicado numerosos artículos y reseñas de arte en revistas como Lápiz, Artes de México y a*desk, entre otras. También he curado diversas exposiciones, entre las que se pueden citar Sublime artificial (La Capella, Barcelona, 2002), Imatges subtitulades (Fundació Espais, Girona, 2003) y Processos Oberts (Terrassa, 2007). Formé parte del equipo de dirección de 22a, uno de los más importantes espacios expositivos independientes de la Barcelona del cambio de siglo. Tras trabajar varios años como editor en un gran grupo editorial español, ahora me he embarcado en la creación de Books and Chips, una empresa centrada en la concepción y desarrollo de tecnologías sociales para la educación y la cultura.
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Una respuesta a Los futuros de la lectura

  1. Terry Waters dijo:

    Interesting perspective. Reading and writing is how we pass our knowledge and experience to others and future generations. It is largely assumed that digital media is superior to the books, lectures, storytelling and cave paintings of the past. I just ponder how easily it would be to loose much of our stockpile of information when it all gets transferred to the very delicate and short lived computer servers. A nuclear war, solar burst, comet impact are just a few ways it could happen. Lets not be too quick to give up on our old systems that while not perfect, served us well enough to get here.

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