La creación en red y el ocaso de la autoría

Obreros trabajando en la construcción del viaducto de Bloor.

Obreros trabajando en la construcción del viaducto de Bloor, en Toronto, 1915. Cortesía de la Toronto Public Library.

La web es un entorno ideal para la creación colectiva. Gracias a su capacidad para favorecer la conectividad, la interactividad y la hipertextualidad, se ha convertido en un poderoso instrumento para el trabajo colaborativo. La generalización de las redes digitales de comunicación ha permitido que multitudes de usuarios se conecten e interactúen entre sí salvando las barreras geográficas para dar lugar a formas emergentes de creación cooperativa. La red es un medio de “muchos a muchos”, para usar la terminología de Howard Rheingold: es el lugar idóneo para que grandes colectivos de personas entren en contacto para realizar proyectos en común.

Al reducir las fricciones que dificultan la acción colectiva, la red tiende a restar protagonismo al individuo en beneficio de la multitud. Esto, desde luego, tiene consecuencias sobre nuestra forma de entender la creación artística, la cual, desde los albores de la modernidad, se había sustentado en el mito del autor individual. Gracias a la web, hemos sido testigos de la aparición, en las últimas décadas, de una serie de prácticas artísticas basadas no ya en el trabajo de un individuo concreto sino en la acción de comunidades de creadores conectados en red.

Existen muchos ejemplos de creación colaborativa en la web. Uno de los más conocidos es The File Room, de Antoni Muntadas. Como es bien sabido, este proyecto consiste en un gran archivo virtual de casos de censura en el mundo, que se erige como una de las primeras propuestas de arte digital basadas en procesos de creación cooperativos y abiertos. A la manera de los programas de software libre, The File Room ha ido creciendo orgánicamente gracias a las aportaciones de numerosos colaboradores espontáneos que han utilizado la base de datos del proyecto para documentar actos de censura relacionados con la creación artística. Se trata de un proyecto comunitario de construcción de un archivo que va enriqueciéndose de acuerdo con un patrón de crecimiento informal, situado en los antípodas de los modelos de organización sistemática y centralizada de los archivos institucionales.

También en 1994 tuvo lugar la presentación de otro de los proyectos más emblemáticos de la creación en red: The World’s First Collaborative Sentence, de Douglas Davis. Esta propuesta se articula alrededor de una plataforma digital diseñada para redactar una frase virtualmente interminable a partir de las contribuciones de una infinidad de colaboradores. En realidad, The World’s First Collaborative Sentence no es otra cosa que una larguísima oración elaborada con los textos que los visitantes de la web del proyecto han ido encadenando a lo largo de los años. Se trata de un mosaico de escritos formado por cientos de miles de aportaciones de individuos de distintos orígenes y trasfondos culturales.

Tal como Jesús Carrillo ha señalado, uno y otro proyectos muestran maneras divergentes de entender la creación en red: mientras que la obra de Muntadas concibe el trabajo cooperativo como un esfuerzo orientado a la reivindicación común, el trabajo de Davis entiende la colectividad como una “adición de subjetividades creativas individuales movidas por impulsos diversos”, que dan como resultado un concierto cacofónico.

Sin embargo, ambos trabajos tienen un rasgo en común: la incapacidad de trascender el mito del creador individual. Aunque las dos propuestas encuentran su razón de ser en la cooperación y el esfuerzo multitudinarios, nunca llegan a diluir la figura del autor en la creación colectiva. Davis y Muntadas apelan a la multitud pero aún mantienen una actitud jerárquica frente a ella. Continúan siendo los autores y mantienen en una posición de subordinación a las gentes que colaboran con ellos.

La autoría de Muntadas y Davis se justifica aduciendo el hecho de que ellos han sido los catalizadores de las situaciones relacionales que han permitido la interacción de numerosos individuos. De este modo, su carácter de promotores de la acción colectiva les permite arrogarse para sí un estatus superior frente al resto de los participantes en sus proyectos. En cierta forma, ellos preservan el mito del autor como demiurgo, pues se les supone una capacidad especial para crear situaciones particulares. Desde esta perspectiva, la actitud de Muntadas y Davis no dista demasiado de la de Rirkrit Tiravanija cuando organiza sus acciones con comida. Tanto este como aquellos adquieren un rasgo distintivo por el mero hecho de generar situaciones de interacción entre grupos de individuos.

Para encontrar una superación del anacronismo de la autoría en la creación colaborativa debemos fijar nuestra atención en proyectos ajenos al sistema del arte. Los ejemplos más emblemáticos se encuentran, seguramente, en los programas de software libre, creados a partir de la adición y la reescritura de líneas de código de una gran diversidad de desarrolladores.

En el ámbito cultural, el caso más conocido es el de la Wikipedia, una iniciativa que resulta útil para comprender las condiciones de la disolución del autor en los proyectos de cooperación digital. La enciclopedia libre es una de los proyectos en red que, de una manera más manifiesta, tienden a diluir la identidad individual dentro de una comunidad indiferenciada. El hecho de que las identidades de los colaboradores resulten opacas para los usuarios que consultan la enciclopedia –pero no necesariamente para los propios wikipedistas– es un claro síntoma de ello. Aunque quizá no sea el más significativo. En realidad, lo es más la instauración del “punto de vista neutral” como uno de los pilares sobre los que se sustenta la Wikipedia.

En su afán por construir una enciclopedia liberada de las apreciaciones personales y de los condicionantes ideológicos, la comunidad de la enciclopedia libre ha buscado dotarse de normas para garantizar la imparcialidad de sus artículos. La reivindicación del punto de vista neutral debe entenderse como una estrategia para evitar las visiones parciales sobre lo que se escribe. No se trata, tal como la propia Wikipedia afirma, de “escribir un artículo desde un punto de vista objetivo no sesgado”, sino de “representar adecuadamente los diferentes puntos de vista y sin que el artículo afirme, implique o insinúe que alguno de ellos es el correcto”. De esta manera, la neutralidad de la Wikipedia consiste en hacer referencia a los diferentes enfoques sobre un tema, para que sea el lector quien se encargue de elegir el que considere más conveniente. Se trata de referir de una manera distanciada las distintas visiones sobre los diferentes aspectos de la realidad evitando que alguna prevalezca sobre las otras.

En el fondo, la reivindicación del punto de vista neutral no es más que una estrategia para conjurar la subjetividad. La comunidad wikipedista apela a la aproximación poliédrica y distanciada de los hechos para evitar que la visión sesgada del sujeto pueda contaminar la imparcialidad del texto enciclopédico. Lejos de ofrecer una opinión sobre los temas tratados, las entradas de la enciclopedia colaborativa tienden a convertirse en una exposición fría y mecánica de estos. Para prevenirse contra la subjetividad, la Wikipedia no analiza los temas tratados, sino que, simplemente, los documenta.

Antoni Muntadas, en The File Room, comenzó a erosionar la idea de autoría anteponiendo la frialdad del archivo documental al subjetivismo de la obra de arte tradicional. El creador catalán utilizó la aparente objetividad de la referencia documental como una manera de impedir que afloren las visiones personales. Por su lado, Douglas Davis, en The World’s First Collaborative Sentence, intentó poner en cuestión la noción de autor siguiendo la estrategia opuesta: buscó liquidar el subjetivismo mediante la exacerbación de las subjetividades individuales. Al convertir su obra en un inmenso un mosaico de voces heterogéneas, consiguió anular el sentido de cada una de ellas.

Sin embargo, ni Muntadas ni Davis se atrevieron a disolver su propio estatus como autores. Optaron por preservar la figura anacrónica del creador individual antes que diluirla en el magma indeterminado de la multitud. En cambio, la Wikipedia ha ido más allá y ha intentado potenciar una voz colectiva. Ahora bien, para conseguirlo, ha debido inhibir las subjetividades de todos los wikipedistas obligándoles ha asumir una actitud completamente fría y distanciada frente a los temas que tratan. El resultado es una obra que, cuando menos en teoría, prescinde del juicio y el análisis para limitarse a la pura constatación.

Acerca de Eduardo Pérez Soler

Reparto mi tiempo entre la curaduría, la crítica de arte y la edición de publicaciones multimedia. He publicado numerosos artículos y reseñas de arte en revistas como Lápiz, Artes de México y a*desk, entre otras. También he curado diversas exposiciones, entre las que se pueden citar Sublime artificial (La Capella, Barcelona, 2002), Imatges subtitulades (Fundació Espais, Girona, 2003) y Processos Oberts (Terrassa, 2007). Formé parte del equipo de dirección de 22a, uno de los más importantes espacios expositivos independientes de la Barcelona del cambio de siglo. Tras trabajar varios años como editor en un gran grupo editorial español, ahora me he embarcado en la creación de Books and Chips, una empresa centrada en la concepción y desarrollo de tecnologías sociales para la educación y la cultura.
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