Ciudad de datos

Vista aérea de LeFrak City, Nueva York, con etiquetas de realidad aumentada. Fotografía de Zachary Korb.

Vista aérea de LeFrak City, Nueva York. Fotografía de Zachary Korb.

En tiempos recientes, una densa capa de información se ha ido posando de forma casi imperceptible sobre nuestras ciudades. Sin que seamos demasiado conscientes de ello, ricas nubes de datos se han ido acumulando sobre los más distintos sitios añadiendo conocimiento acerca de ellos y otorgándoles nuevos significados. La posibilidad de vincular datos –visuales, sonoros, textuales– a coordenadas geográficas concretas mediante los modernos sistemas de georreferenciación ha dado pie a que un sinnúmero de instituciones, empresas e individuos se hayan lanzado a generar información relacionada con casi cualquier espacio urbano del planeta.

El vertiginoso crecimiento de esta capa de información ha hecho posible que toda persona en posesión de un dispositivo móvil equipado con un sistema de geoposicionamiento –como un teléfono inteligente o una tableta digital– pueda interactuar a tiempo real con una gran diversidad de fuentes de datos vinculadas al punto exacto en el que aquel se ubica. En la actualidad, el paseante perdido en las calles de casi cualquier urbe del mundo puede utilizar su teléfono móvil para acceder a los datos más diversos del lugar que transita: desde mapas que le permiten orientarse por la ciudad hasta descripciones detalladas de los servicios turísticos situados en las proximidades, pasando por el análisis de los monumentos históricos más destacados de la zona, las señales de alerta enviadas por las víctimas de delitos en el barrio o los mensajes de los tuiteros que deambulan por los alrededores, entre muchas otras cosas.

Incluso, si su teléfono cuenta con una aplicación de realidad aumentada, el paseante podrá enfocarlo hacia algún punto significativo del lugar en el que se encuentra y observar a través de la pantalla cómo un enjambre de etiquetas con datos contextuales se superponen sobre las imágenes del punto de su interés. De esta forma, observará una realidad mixta, en la que una fina película de información digital se sobreimprimirá sobre distintos aspectos del mundo físico.

Los datos georreferenciados se están convirtiendo en una rica y valiosa fuente de conocimiento, accesible in situ, sobre los lugares por los que transitan individuos y multitudes. Y lo serán aún más en el futuro, si la utilización de dispositivos móviles inteligentes continúa con su crecimiento vertiginoso. Por esta razón, la información georreferenciada cada vez tendrá una mayor importancia en las disputas para definir el significado del espacio urbano. Ella será un elemento clave en las luchas de los distintos grupos sociales para imponer sus propias visiones sobre la historia, la identidad y el sentido de las ciudades.

Desde que las urbes existen, los grupos que las habitan se han valido de estrategias para hacer prevalecer sus ideas acerca del espacio metropolitano. Así, la arquitectura, los monumentos públicos e, incluso, la nomenclatura de la calles han sido instrumentos eficaces, utilizados generalmente por los poderosos, para imponer una identidad determinada a la ciudad. En oposición a ellos, individuos y colectivos ciudadanos han utilizado diversos recursos –entre los que se incluyen los pasquines, las pintadas o las arquitecturas informales– destinados a resignificar y recuperar para sí la calle. De esta forma, el espacio urbano aparece como un lugar heterogéneo, en el que los distintos grupos sociales expresan visiones discordantes sobre la ciudad.

Sin embargo, a partir de ahora, los conflictos no se escenificarán tan solo en el espacio real de la calle y la plaza pública, sino que tendrán lugar también en el espacio virtual de Internet. Los datos georreferenciados adquirirán una gran importancia como instrumento para difundir visiones sobre las ciudades, por lo que es de prever que se conviertan en un territorio de combate en el futuro. Tal como sucede en la calle, la capa de información georreferenciada se convertirá en un vivo ejemplo de las pugnas para dotar de significado al espacio ciudadano.


En su proyecto Désordres publics, realizado en 2010, el colectivo francés Raspouteam fijó mosaicos con códigos QR en diversos puntos de París que resultan significativos por haber sido escenario de episodios de conflicto social. De esta forma, cualquier persona con una aplicación para leer los citados códigos, puede acceder a información acerca de los distintos sucesos en el lugar exacto en el que tuvieron lugar. Las fichas informativas, también referenciadas en Google Maps, rememoran hechos como el levantamiento de la Comuna de París o el Mayo del 68, que revelan las fisuras sufridas por la sociedad parisiense a lo largo de la historia. De esta forma, el proyecto de Raspouteam busca reescribir la historia de la capital francesa, alejándola de los discursos que pretenden representar París como una metrópoli caracterizada por la homogeneidad y la cohesión social.

Désordres publics es un ejemplo temprano de los contradiscursos que buscan rebatir las imágenes estereotipadas acerca de la ciudad presentes en gran parte de los documentos y aplicaciones para dispositivos móviles inteligentes. Este proyecto nos permite vislumbrar las estrategias que seguirán muchos colectivos para ofrecer visiones alternativas sobre la realidad metropolitana mediante la información georreferenciada. También nos permite concluir que la lucha por obtener el monopolio sobre el significado de la ciudad no tendrá lugar únicamente en calles y plazas sino que se desplazará también a la fina capa de información que las envuelve.

Acerca de Eduardo Pérez Soler

Reparto mi tiempo entre la curaduría, la crítica de arte y la edición de publicaciones multimedia. He publicado numerosos artículos y reseñas de arte en revistas como Lápiz, Artes de México y a*desk, entre otras. También he curado diversas exposiciones, entre las que se pueden citar Sublime artificial (La Capella, Barcelona, 2002), Imatges subtitulades (Fundació Espais, Girona, 2003) y Processos Oberts (Terrassa, 2007). Formé parte del equipo de dirección de 22a, uno de los más importantes espacios expositivos independientes de la Barcelona del cambio de siglo. Tras trabajar varios años como editor en un gran grupo editorial español, ahora me he embarcado en la creación de Books and Chips, una empresa centrada en la concepción y desarrollo de tecnologías sociales para la educación y la cultura.
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